José Luis Ruiz V.
Retiros de Fondos de Pensiones en Chile: Un ejemplo de política pública con graves consecuencias
Los tres retiros liberaron más de US$48.000 millones y dejaron 3,8 millones de cuentas en cero. La inyección —cerca del 17% del PIB— aceleró la inflación y empujó al alza las tasas. Se encarecieron y acortaron los créditos hipotecarios, dificultando el acceso a la vivienda. El deterioro de pensiones y confianza presiona al fisco vía PGU y obliga a recomponer el mercado de capitales.
Resumen Ejecutivo
La pandemia de COVID-19 desafió a la economía global a enfrentar un escenario extremo y desconocido, donde los países debieron inyectar recursos financieros a empresas y familias para lograr sortear este escenario de fuerte incertidumbre económica. En Chile y otros países de la región como Perú y Colombia, los gobiernos enfrentaron presiones sociales y políticas de liberar recursos a las personas a partir de sus propios fondos de pensiones.
Los tres retiros previsionales totalizaron más de US$48.000 millones de dólares y dejaron a 3,8 millones de personas con saldo cero. Lo anterior es más dramático en los jóvenes, a los cuales les cuesta tener una mayor regularidad en sus ahorros previsionales y, al tratarse de un sistema de capitalización, resultan muy importantes los ahorros iniciales de la vida laboral en la conformación de la pensión esperada a recibir.
La gran cantidad de recursos liberados tras los tres retiros ascendió a US$48 mil millones, los que, sumados a otros programas estatales de ayuda a las familias y empresas, llevó a fuertes presiones inflacionarias y a un nivel de dos dígitos, no visto en décadas en Chile.
Además, los retiros tuvieron un impacto negativo significativo en la economía y en el mercado de capitales local. Uno de los principales impactos fue la presión inflacionaria que gatillaron los retiros previsionales, al totalizar una inyección de liquidez en las personas cercanas al 17% del PIB. Por su parte, los efectos negativos se vivieron en presiones al alza en las tasas de interés y a secar el financiamiento de largo plazo al buscar los gestores de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) contar con instrumentos más líquidos de corto plazo y liquidando instrumentos a largo plazo. Lo anterior termina entonces impactando al mercado de créditos hipotecarios, donde se pasó de contar con operaciones a 30 años a 15 años.
Finalmente, los retiros previsionales provocan un fuerte daño en la confianza. Por un lado, abrieron la posibilidad de dar liquidez a recursos que se ahorran para financiar la vejez y, con esto, presiones futuras de nuevas posibilidades de retiros ante escenarios adversos. Por otro lado, Chile fue el único país que ejerció una presión a las compañías de seguros de vida (CSV) a que dieran liquidez a sus pensionados, lo que altera el contrato de rentas vitalicias donde una de las partes se compromete a pagar una pensión por el resto de la vida de los jubilados, eliminándoles el riesgo de inversiones y de sobrevida a cambio del traspaso de los recursos a las CSV. Con este contrato entonces, las personas entregan sus fondos acumulados para pensiones y reciben este compromiso de pago de pensiones por parte las CSV.
Importancia del ahorro en fondos de pensiones
En el caso de Chile, existe un diagnóstico común de la baja calidad que se proyecta en pago de pensiones para su población en general. Las razones son variadas, pero generalmente se asocian a lo difícil que resulta ahorrar de manera sistemática para los trabajadores.
Un motivo del bajo ahorro se asocia a que un segmento importante de los afiliados al sistema transita por periodos largos de tiempo entre el empleo formal e informal, lo que dificulta contar con un adecuado historial de densidad de cotizaciones (ratio de periodo con contribuciones a total potencial de períodos donde se pudo contribuir).
Es más, desde la Encuesta de Protección Social del año 2002, se evidencia la existencia de una distribución bimodal para la densidad de cotizaciones en Chile. Por un lado, en los segmentos de mujeres, jóvenes y los de menor capacitación para el mercado laboral, la densidad de cotizaciones ronda un 25% (es decir, en promedio realizarían aportes por 10 años considerando un historial completo de 40 años).
Por otro lado, los asalariados y con mejor capacitación cuentan con una media de densidad de cotizaciones del 75% (en promedio cotizarían 30 años). Por cierto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) cuenta con un acuerdo para llamar “pensión” si las personas han contribuido por al menos 30 años. A personas que cuentan con menos de 30 años de historial de contribuciones les llama devolución de contribuciones. La definición anterior no es menor, porque pese a que Chile está asociado a la OIT, no cumple con esta condición de qué se llama pensión y luego, se estarían subestimando las pensiones que se estarían entregando en el sistema al considerar montos de pago de personas con muy pocas contribuciones. Si a eso se suma que las tasas de interés de plazo han mostrado una tendencia a la baja en las últimas décadas, el panorama resulta no ser auspicioso en materia de pago de pensiones. Se requiere entonces mejorar la densidad de cotizaciones de los trabajadores, cotizar por periodos más largos de tiempo y contar con mejores clases de activos financieros en los mercados de capitales.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cuenta con un acuerdo para llamar “pensión” si las personas han contribuido por al menos 30 años. A personas que cuentan con menos de 30 años de historial de contribuciones les llama devolución de contribuciones. La definición anterior no es menor, porque pese a que Chile está asociado a la OIT, no cumple con esta condición de qué se llama pensión y luego, se estarían subestimando las pensiones que se estarían entregando en el sistema al considerar montos de pago de personas con muy pocas contribuciones.
Sin embargo, la política de retiro terminó yendo en todos estos aspectos en un sentido contrario y dañando entonces las pensiones de los actuales jubilados y las pensiones esperadas de quienes se encuentran afiliados al sistema de pensiones.
Coyuntura del Covid-19
La pandemia del Covid-19 no tiene precedentes en la historia, por su magnitud e impacto global de los países en el mundo. Desde una perspectiva económica, la pandemia de COVID-19 provocó una fuerte desaceleración global. Las medidas de confinamiento y las restricciones de movilidad interrumpieron las cadenas de suministros, redujeron la demanda de bienes y servicios, y causaron el cierre de muchas empresas que no pudieron solventar sus compromisos financieros, dado lo prolongado e incierto de su duración. Esto generó un aumento del desempleo y una disminución del ingreso familiar. Los gobiernos implementaron medidas de estímulo fiscal y políticas monetarias expansivas para mitigar el impacto económico, pero esto a su vez incrementó la deuda pública.
El Congreso de Chile se comprometió a realizar un único retiro desde los fondos de pensiones, entendiendo que habría consecuencias negativas en la calidad de las pensiones.
Sin embargo, se terminaron aprobando tres retiros y hasta el día de hoy ya van en el octavo intento de retiro. El primer retiro se aprueba en julio de 2020 y permitió retirar hasta el 10% de los fondos de pensiones de los afiliados con un tope de 150 UF (aprox. $6 millones) y con beneficio tributario de no pago de impuestos. El segundo retiro y tercero siguieron una lógica similar, pero este último sin beneficio tributario. Los tres retiros de fondos de pensiones significaron la entrega de liquidez en las personas por aprox. US$50 mil millones (es decir, el 17% del PIB de Chile).
Impacto de los retiros en las personas
Una característica de los fondos de pensiones es que son recursos que no son líquidos para las personas y su destino es de largo plazo para el financiamiento del pago de las pensiones. Abrir la posibilidad de retiro llevó a que la mayoría de los chilenos usó esta ventana de liquidez (aproximadamente 10,5 millones de personas hicieron algún retiro y el sistema generó cerca de 29 millones de transacciones de pago). Este gran volumen esperado llevó a un estrés tanto del regulador, de las AFP en materia de operaciones e inversiones, y del Banco Central para la estabilidad de precios.
La gran cantidad de recursos liberados tras los tres retiros ascendió a US$48 mil millones, los que, sumados a otros programas estatales de ayuda a las familias y empresas, llevó a fuertes presiones inflacionarias y a un nivel de dos dígitos, no visto en décadas en Chile.
Una de las consecuencias más negativas de la política de retiros fue que cerca de cuatro millones de personas quedaran sin saldos en sus cuentas individuales. Muchos de ellos serán beneficiarios de la Pensión Garantizada Universal (PGU) a futuro y, con ello, una mayor presión a las arcas fiscales. Además, esto generará una mayor desigualdad en la sociedad chilena, al ser los pobres más pobres aún en el futuro. Por su parte, la clase media tendrá tasas de reemplazo más bajas, lo que atenta contra la legitimidad y estabilidad del sistema de pensiones. La Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) ha estimado que la política de retiros equivale a necesitar que las personas tengan que trabajar por casi 6 años más para lograr recuperarse del impacto negativo en las pensiones esperadas.
Impacto de los Retiros de Fondos de Pensiones en los Mercados de Capitales
El Banco Central, a través de sus Informes de Política Monetaria (IPoM), advirtió acerca de los impactos negativos de las políticas de retiro de fondos previsionales en la economía. El impacto sería no sólo en una mayor tasa de inflación, sino también afectaría la volatilidad de los mercados financieros y contribuirían a desestabilizar los equilibrios macroeconómicos.
Los retiros de fondos de pensiones llevaron a una disminución de estos fondos, pasando de equivaler un 78% del PIB de Chile al 60%. Si bien el objetivo de los fondos de pensiones es el financiamiento de las pensiones, su impacto es significativo en el financiamiento de largo plazo del mercado de capitales.
Los retiros de fondos han perjudicado el acceso a la vivienda al encarecer los créditos hipotecarios (con tasas de interés más altas y plazos de pago más cortos), exigir mayores ingresos para calificar y requerir un mayor pago inicial. Esto dificulta que muchas familias, especialmente aquellas con ingresos medios y bajos, jóvenes o personas con pocos ahorros, puedan adquirir una vivienda.
Además, diversos actores relevantes en la economía, tales como ex ministros de Hacienda, académicos y del mundo privado, señalaron consecuencias nocivas acerca de abrir liquidez a las personas por medio del uso de fondos previsionales y la erosión del financiamiento de las pensiones actuales y futuras.
Comentarios finales
Los retiros de fondos de pensiones en Chile fueron una respuesta social y política a una crisis económica sin precedentes. Si bien brindaron un alivio financiero inmediato, sus consecuencias a largo plazo son profundas y preocupantes. La gran mayoría hizo retiros, afectando la calidad de las pensiones de actuales y futuros pensionados, junto con mayores presiones al gasto público futuro en materia de pensiones. La masiva liquidación de ahorros previsionales, las presiones inflacionarias, y el debilitamiento del mercado de capitales son los legados más significativos de esta política.
La discusión actual en Chile se centra en una reforma de pensiones que busque fortalecer el sistema y abordar las bajas jubilaciones. Sin embargo, el desafío se ha vuelto aún mayor, dado que millones de cuentas han quedado con saldo cero. Los retiros de fondos de pensiones representan un caso de estudio crucial para la economía global, demostrando cómo una medida popular en el corto plazo puede generar costos significativos en el futuro.
La recuperación de los saldos previsionales y la reconstrucción del mercado de capitales chileno serán procesos largos y complejos, que requerirán de políticas consistentes y un compromiso a largo plazo con la estabilidad económica.