Pedro Hidalgo

Enrique Manzur

Sergio Olavarrieta

Un sueño: Chile competitivo 2050

La idea de un Chile Competitivo es una idea perfectamente factible. Pero para lograr este sueño es necesario pensar a largo plazo, superando una serie de desafíos que requiere un esfuerzo constante desde este momento.

octubre, noviembre 2021

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  • El Sueño de Chile Competitivo en el 2050
    Muchas de las cosas que usted hace, las decisiones que toma, los sacrificios que acepta, están vinculados a un sueño: el de darle bienestar y una vida mejor a sus hijos y descendientes. Si no fuera por ese sueño y deseo de entregar algo mejor a las nuevas generaciones, probablemente no haría todo lo que hace y sus decisiones serían diferentes.

    Se preguntarán qué tiene que ver esto con la competitividad de Chile, que es un tema económico, de números. Nuestra perspectiva es un poco diferente. Pensamos que la competitividad no es un problema económico, sino un asunto de decisiones y plazos, que tiene que ver con tomar las decisiones pensando en un período más largo de tiempo, sacrificando a veces el corto plazo. En suma, se relaciona con la estrategia de un país.

    Esta estrategia, al igual y quizás con mayor complejidad que la de una empresa, requiere de visión, de un sueño, una aspiración, un intento de querer ser y estar mejor. Sin esa visualización del futuro, resulta más difícil embarcarse en las decisiones, compromisos y esfuerzos que involucra una estrategia país para ser competitivo. 

    Que tal si aspiramos a que Chile sea uno de los 15 países más competitivos del mundo en el 2050. Que no seamos sólo un exportador de alimentos, minerales y algunos servicios, sino una potencia tecnológica en algunos rubros. Que las ciudades sean más humanas, sin bolsones de pobreza, y que más allá de Santiago, muchas ciudades sean competitivas, innovadoras y energéticas, que atraigan talento de todo el mundo.

    Que nuestros chicos tengan la mejor educación del hemisferio sur, educación vinculada tanto al emprendimiento como a las artes, a las ciencias sociales y las bellas matemáticas. Un país en el que la gente, a pesar de las incertidumbres que genera inevitablemente el futuro, sienta que acoge y respalda a los que se esfuerzan y trabajan por él.

    Con esta visualización futura podremos estar más dispuestos a los compromisos y esfuerzos que son necesarios para sacar ese plan adelante y convertir ese sueño en realidad.

    Un Método para la Competitividad: La Disciplina Estratégica
    Conseguir este sueño requiere un método que permita avanzar hacia su consecución. Tradicionalmente, en la disciplina empresarial, estos métodos y técnicas han estado ligados a la Gestión Estratégica, que centra su quehacer en cómo potenciar la ventaja competitiva de organizaciones y su sostenibilidad en un ambiente competitivo. 

    Como es bien conocido, el método de la gestión estratégica tiene al menos dos grandes pasos: el análisis y formulación y la implementación de la estrategia. Desde nuestro punto de vista, esto es clave para poder avanzar. Errar en cualquiera de estas fases puede tener efectos muy complejos.

    La primera fase es la de análisis o diagnóstico, de modo de poder formular una estrategia. Todo análisis estratégico, por definición, implica evaluar la calidad de nuestra inserción (empresa o país) en nuestro entorno. Siempre tendremos que examinar cómo estamos enfrentando las oportunidades y desafíos que nos entrega el entorno y cómo trabajamos y potenciamos nuestras fortalezas y áreas débiles. Es en este punto que el análisis de la competitividad del país es clave.

    El Ranking de Competitividad del IMD
    En el mundo existen básicamente dos grandes estudios de competitividad que se entregan anualmente: el del World Economic Forum, y el del Instituto IMD de Suiza, en el que colaboramos como universidad. Si bien tienen algunas variaciones metodológicas y conceptuales, en general ambos capturan las grandes tendencias con consistencia. En este caso, nos concentraremos en el informe del IMD y su metodología. 

    Básicamente, el IMD establece 4 grandes dimensiones de la competitividad de un país: Desempeño económico, Eficiencia de los negocios, Eficiencia del gobierno e instituciones, e  Infraestructura física e intangible (incluye ciencia, tecnología y capital humano).

    Cada uno de estos factores es medido a través subdimensiones, y éstas, a través de 255 indicadores. 163 de ellos provienen de datos estadísticos obtenidos de instituciones mundiales, regionales y locales, y 92 variables cualitativas obtenidas a partir de una encuesta anual aplicada a ejecutivos y expertos nacionales e internacionales.

    Por cada variable, se calcula un valor estandarizado, que es la base de los indicadores para cada uno de los 4 factores y el indicador global de competitividad. En base a este indicador se define el ranking de competitividad global.

    Al observar la evolución del ranking de competitividad de Chile en los últimos años, se pueden observar dos tendencias. Primero, una situación de estabilidad (o estancamiento) en la primera década de este siglo y, en la segunda década, una tendencia de caída en el ranking, situándose ya en el último tercio de las 64 naciones medidas en este informe.

    Figura 1a. Chile y su Competitividad en los últimos 20 años

    Figura 2. Chile: Indice de Competitividad vs Ranking de Competitividad

    Figura 3. Chile y la Competitividad por Factores (ranking)

    Si se examina la situación de Chile en detalle, en los cuatro factores de competitividad puede observarse algún patrón permanente, pero también algunos cambios no tan auspiciosos. En general, Chile siempre ha estado en lugares bajos de competitividad en Infraestructura, que incluye tanto aspectos físicos como intangibles. En otros aspectos como la Eficiencia del gobierno o de los negocios, se mantiene algún nivel intermedio de competitividad, pero cayendo. Es particularmente preocupante, más allá de los efectos de corto plazo, la situación del desempeño económico, en que el empleo y la economía doméstica aparecen particularmente bajos.

    Al examinar estos aspectos en más detalle, se observan ciertas tendencias y patrones preocupantes. Por un lado, si bien la situación económica puede estar ligada problemas de la pandemia, los “lockdowns” y otras medidas sanitarias que afectaron la economía, lo cierto es que esta situación venía así por un tiempo más prolongado, tanto por una cierta variación de la política fiscal como por una tendencia a mayor regulación y disminución del dinamismo de la economía, afectando inversión y crecimiento. Junto con lo anterior, la incertidumbre que se ha generado respecto del funcionamiento de instituciones que impactan la estabilidad económica, y en particular la inversión y el empleo, han aumentado durante el período de la pandemia. Por una parte, se mantiene la eficiencia en mantener la economía a flote y el país funcionando, pero, por otro lado, se reconoce una pérdida en la consistencia de la política económica y de los elementos centrales que permitieron que la economía chilena estuviera muy arriba en los rankings de competitividad.

    Figura 4a. Chile ranking de competitividad por Subfactores
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    Figura 4b. Detalle Evolución Factor Desempeño Económico Chile

    Se puede observar también cierto patrón de variables que están afectando la competitividad, que tienen que ver con la infraestructura intangible y el capital humano disponible. En este último punto, los problemas en el empleo, no sólo en cuanto a cifras altas de desempleo, sino que, más bien, la baja participación de personas en la esfera laboral, en particular jóvenes y mujeres; la mala evaluación de la educación, en particular escolar y secundaria; y la carencia de educación técnica, con impactos negativos en la productividad, además de un envejecimiento creciente de la población, muestran un aspecto que debe ser foco central de acción de nuestra estrategia futura porque es clave para la competitividad chilena futura. Desafortunadamente, pese a que se ha invertido mucho en este sector, tanto por el aumento en gasto corriente en escuelas y liceos como el esfuerzo fiscal enorme por gratuidad en educación superior, no se ha mejorado en la productividad concreta, y los resultados demuestran una rentabilidad social de estas medidas, al menos, limitada. Algo parecido pasa con la ciencia y tecnología. En este punto, donde Chile ha estado siempre en un nivel bajo, pareciera importante aprender de lo que ha pasado en educación. La separación del mundo productivo del mundo científico y tecnológico es una gran debilidad. Se requiere probablemente mucho más participación del sector productivo en todos los niveles de educación y menos participación directa del Estado, salvo a través de mecanismos pro productividad, como Corfo, Start-Up Chile o similares. 

    Figura 5. Indicadores clave Competitividad Chile 2021

    Revisar nuestras regulaciones de modo de fomentar el empleo y la productividad, con una mirada de futuro y global, que reconozca las realidades de flexibilidad, teletrabajo y para atraer y potenciar talento, parece clave para resolver esta área, que es una de las mayores debilidades de nuestro país. 

    Este énfasis debiera permear distintas áreas del quehacer chileno, en que las regulaciones con un objetivo positivo de corto plazo, más bien han ido asfixiando la capacidad de competir de nuestro país y empresas.

    ¿Qué han hecho los otros países?
    Es importante indicar que la tendencia decreciente en competitividad sugiere que hay otros países que han superado a Chile en los diversos factores que forman la competitividad. Primero examinaremos la situación de Chile en relación a otros países de Latinoamérica y, después, en relación a economías emergentes que han potenciado fuertemente su competitividad en las últimas dos décadas. 

    Desempeño Relativo a Latinoamérica
    La situación de cierto estancamiento, en todo caso, no impide que Chile preserve su primer lugar en competitividad en Latinoamérica, que en general ha venido experimentado una caída en los últimos 15 años. Es importante destacar que la competitividad es un concepto relativo, en cuanto a que un país puede mejorar en sus capacidades para competir, pero la aparición de otros competidores en diversas regiones (Países ex Europa del Este, Medio Oriente, Asia), hacen que la competencia entre países haya aumentado.  

    Figura 6. Latinoamérica y su competitividad global

    Si nos situamos en Latinoamérica, podemos tener dos lecturas. La positiva indica que seguimos arriba, y por distancia, en términos de competitividad en relación a la mayoría de los países de la región. La menos positiva es que, pese a este nivel superior, Chile, y los demás países de la región muestran caídas constantes en el ranking de competitividad. Lo anterior se produce por dos factores: un estancamiento en la competitividad general (y caída en algunos indicadores en que Chile estaba bastante arriba como, por ejemplo, estabilidad de la economía, claridad de las instituciones, etc.), y el mejoramiento sustantivo de otros países emergentes que han implementado políticas más innovadoras pro competitividad, como las que Chile había instaurado a fines de los 80s y 90s, que le permitieron diferenciarse en el mundo, tener un crecimiento sostenido y despegar fuertemente.  

    Chile y sus Países Competidores
    Es importante recordar que, igual que en la competencia entre empresas, los países pueden hacer las cosas bien, lograr una ventaja competitiva y disfrutar de crecimiento o mayores utilidades para su población mientras esta diferencia exista. Pero los otros países imitan, mejoran e innovan, y, por ende, pueden eliminar esas ventajas. Muchos países en la región imitaron políticas de apertura económica, de liberación de las economías y sectores, y lograron avanzar y, al mismo tiempo, eliminaron parte de las ventajas chilenas. Lo anterior también ha ocurrido con muchas economías del mundo asiático, pero también del medio oriente y de las ex repúblicas soviéticas (desde Latvia y Lituania hasta Kazajastán), que han avanzado rápidamente en estas reformas pro mercado, liberando el poder de la innovación, fomentando la inversión nacional y extranjera, y logrando aumentos de la competitividad y productividad de manera sustantiva.

    En la Tabla 1 se compara el ranking general de Chile con países que estaban por debajo de Chile hace 20 años (2002) y que hoy aparecen superando el nivel de competitividad de Chile. Se han dejado fuera a China e India, que también nos han superado en el ranking de competitividad, pero que por razones de tamaño consideramos que tienen realidades demasiado diferentes para ser comparados directamente. Lo anterior no implica, sin embargo, que no haya que poner atención a las políticas y acciones competitivas que han tomado o continuarán tomando dichos países. 

    Esta tabla es importante en dos sentidos. Primero, nos indica que países son realmente más referentes para Chile, y con los cuales es importante tener un conocimiento y un seguimiento más directo. Muchas veces tendemos a fijarnos en los países desarrollados y en intentar imitar lo que hacen, cuando sus problemas y desafíos de competitividad, como sus puntos de partida, son muy diferentes a los que nosotros enfrentamos. En este sentido, quizás si un problema que existe en el análisis competitivo es que los referentes regionales (Latinoamérica) y los globales (países desarrollados o de la OECD) no parecen ser la competencia más relevante a ser revisada, o al menos deja de lado el análisis de los países que hoy están a la par o han superado a Chile en competitividad, mientras nosotros mirábamos sólo a EEUU, Europa desarrollada, Australia y Nueva Zelandia.

    En la tabla se observan dos grandes grupos: los países de la Europa Oriental o vinculados a la ex  URSS, que han abierto y liberado economías, generando un importante desarrollo y, por otra parte, las economías del Medio Oriente y Sudeste Asiático, que han hecho lo propio, o que han avanzado de la producción de petróleo y gas a una diversificación económica importante, con una eficiencia en sus gobiernos de niveles similares al de Chile, pero que están invirtiendo de manera sostenida y relevante en infraestructura tangible y capital humano, como es el caso de Emiratos Árabes, Qatar, o el propio Kazajastán. Las economías de la ex Europa Oriental (Eslovenia, Hungría, Latvia, Lituania, República Checa, entre otras) destacan por niveles de infraestructura, en general, superiores a Chile, pero todavía tienen sectores privados sin el mismo empuje o nivel de eficiencia que el que podemos exhibir en nuestro país. Sin embargo, los avances son importantes y, con mayor presencia de inversión extranjera y de apertura a Europa y el mundo para la atracción de talentos, rápidamente pueden ir superándose, si logran estabilidad y mayor eficiencia en sus gobiernos.

    Tabla 1. Chile y su Competencia

    Consistente con algunas ideas anteriores, desafortunadamente, al parecer las decisiones estratégicas que hemos tomado para mejorar nuestra competitividad en el último tiempo han estado más motivadas por énfasis de corto plazo, intensas en gasto corriente, pero con poco foco en inversión y productividad. Por ejemplo, la infraestructura intangible, ligada al capital humano y su productividad, sigue estando en niveles bajos, y ahora superada por la mayoría de estos competidores. 

    Y no es que no se hayan destinado recursos. Más bien, esto pareciera indicar que existen algunos nudos que otras naciones han sabido resolver con una mejor interacción entre los distintos actores importantes, en que los privados o miembros de la sociedad –entidades educacionales, empresas y sector privado, comunidades y familias- han trabajado más interrelacionados en pos de educación y entrenamiento que aporte valor y se distancie de estudios costosos y menos valorados, en función de lo que requiere o se solicita desde el mercado global y local. El fomento sobre exagerado de educación superior universitaria, cuando existen carencias y necesidades en la educación preescolar, escolar, media y técnica, es un ejemplo de una política que implica muchos recursos, pero que no genera las productividades y la competitividad adecuada.

    Desafortunadamente, políticas como ésta no han sido evaluadas, y siguen implementándose sin considerar sus costos y sin incorporar los ajustes necesarios para que puedan, al menos, converger a mejores resultados. En esto, la participación de la sociedad civil y el mundo empresarial, con una mirada de lo que se demanda en el mundo actualmente y hacia el futuro, parece clave.

    Los puntos anteriores se complementan con un cierta desactivación del incentivo empresarial en Chile en las últimas dos décadas, lo que se observa no sólo en los indicadores de competitividad del IMD, sino también en otros indicadores complementarios, como el de la libertad para invertir o para el trabajo. Estas son dos áreas claves en que Chile debiera mejorar, y donde se han impulsado algunas reformas, pero que, en la práctica, han implicado indicadores que más bien van en una dirección contrapuesta (tal como lo indica el IMD en su reporte). 

    Por ejemplo, los indicadores de libertad económica, libertad de empleo o presión impositiva (del Índice de Libertad Económica, Heritage Foundation 2021). Recordemos que aquí, de nuevo, importan los indicadores relativos y las tendencias. Tal como aparece en los gráficos, Chile  empieza a acercarse a las Américas y a los promedios mundiales, perdiendo diferenciación y ventaja competitiva con ellos y, en paralelo, otras naciones en el mundo han ido avanzando y tomando ese espacio para atraer inversión y talento. 

    Los Principales Desafíos para Chile
    Frente a esta realidad, y con nuestra visión de convertir a Chile en un país top 15 en competitividad en el año 2050, es clave iniciar desde hoy los esfuerzos y las  inversiones sostenidas que se requieran. Creemos firmemente que la mayoría de los actores económicos, sociales, y políticos del país estarán de acuerdo, si piensan en el largo plazo. 

    Un primer y claro desafío es resolver las urgencias que se han generado producto de la pandemia global, y que deben considerar de manera ponderada dar alivio y respuesta de corto plazo con apoyo a las situaciones más complejas, pero con una fuerte ponderación a las políticas de largo plazo que aumenten una recuperación sostenible, sostenida, y que aumente la competitividad. Ello requiere de mayor focalización en el gasto y promoción de la inversión nacional y extranjera.

    Paralelamente, un desafío importante es el tamaño y calidad de la fuerza laboral. Por una parte, muchas personas pasan más tiempo en estudio que antes, lo que en muchos casos es una buena noticia, pero que requiere de mayor optimización y de los incentivos adecuados para evitar un mal uso del tiempo y recursos de nuestra sociedad. Por otro lado, la necesidad de reentrenamiento y readecuación para el trabajo futuro, junto con políticas que permitan que más personas puedan trabajar y estudiar, particularmente jóvenes y mujeres, como, asimismo, que más personas se mantengan productivas, es central para poder competir. La atracción y retención de talento debe estar en el centro de la política educacional y de fomento productivo, y pareciera ser cada vez más relevante la vinculación de las políticas de educación con las de desarrollo y competitividad, y la incorporación de más actores del mundo privado y sus diferentes públicos. 

    La transformación del Estado y del gobierno parece ser relevante, pero, de acuerdo a los indicadores de competitividad que hemos revisado, el énfasis es distinto al que muchas personas piensan. En general, los niveles de eficiencia relativos son superiores a los de varios de nuestros competidores, lo que nos indica más bien la idea de “no arreglar algo que no está roto”. Si bien hay áreas de mejora, que pueden estar dadas por un avance en la transformación digital en el sector público y privado, y una mayor descentralización en algunas de las decisiones de gobierno, debe ser logrado con un menor gasto para que realmente genere mejoras en competitividad. Desafortunadamente, la tendencia en el último tiempo, aumentada por la crisis de la pandemia, no ha ido en esa dirección, por lo que es importante volver a hacer los esfuerzos por contener, hacer más eficiente y focalizar el gasto del gobierno.

    Hemos indicado en líneas previas (y hace bastante tiempo), la necesidad de aumentar la inversión en investigación y desarrollo (I+D), promoviendo proyectos en conjunto entre universidades y empresas privadas, donde el sector público no sea dominante, sino que más bien provea estímulos y vaya generando espacios para que este ecosistema se pueda ir desarrollando, siempre vinculado al sector productivo.

    Un área crítica es acordar un sistema de pensiones que tome los mejores puntos del existente, más la experiencia y evidencia mundial, considerando los patrones demográficos de Chile, que estimule el ahorro y permita niveles de pensiones superiores. Los mejores sistemas de pensiones del mundo consideran, de manera quizás más potente, elementos similares a los del sistema chileno que se ha venido desarrollando y perfeccionando en el tiempo. Avanzar en la incorporación de pilares adicionales al del ahorro individual, como el pilar solidario, el pilar empresarial y la incorporación potencial de seguros para situaciones muy extremas (invalidez, o sobrevivencia por sobre edades muy mayores), son herramientas que están disponibles y que pueden promover un acuerdo social importante para el desarrollo y competitividad de nuestro país. 

    Algunas de las políticas anteriores requerirán de aumentos en financiamiento, por lo que es importante abocarse a buscar ese financiamiento, de modo de mantener el equilibrio fiscal, la solidez de nuestra economía, que ha permitido sobrellevar con razonable desempeño este difícil período de la historia de los últimos años. Ahorrar para el futuro paga y nos hace más estables. Es por esto que el foco en el crecimiento debe estar presente más que nunca, de modo de recuperar niveles de empleo y permitir a los gobiernos equilibrar sus cuentas fiscales sin tener que aumentar la presión impositiva, lo que finalmente puede generar más desequilibrio y menor competitividad. Una mayor evaluación ex ante y recurrente de los programas y políticas fiscales, la instauración de presupuestos base cero (al menos parcialmente –presupuesto base vs presupuestos de inversión), políticas de focalización, y establecer máximos de participación de la fuerza laboral en organismos estatales (que conforman una parte central del gasto), son algunas de las opciones que los gobiernos futuros deberán considerar para proyectar nuestro desarrollo y responder a algunas prioridades de política que pueden involucrar un mayor gasto. 

    Con todo, creemos que el sueño de Chile Competitivo al 2050 es perfectamente factible. Requiere de visión, esfuerzo y ahorro, medidas pensadas en el mediano y largo plazo, y evitar las tentaciones populistas. También requiere estar monitoreando de manera constante a nuestros socios y competidores, que también buscan avanzar en este panorama dinámico de la competitividad mundial, la que finalmente se traduce en bienestar para los habitantes de los países más competitivos.

    Referencias y Fuentes
    IMD: World Competitiveness Yearbook 2021
    IMD: World Competitiveness Ranking, https://www.imd.org/centers/world-competitiveness-center/rankings/world-competitiveness/
    The Heritage Foundation,2021 Index of Economic Freedom, https://www.heritage.org/index/





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    Sergio Olavarrieta

    Académico del Depto. de Administración



    Enrique Manzur

    Vicedecano y académico del Depto. de Administración



    Pedro Hidalgo

    Director Comité Editorial. Académico y Director del Departamento de Administración.