Gabriel Weintraub
Universidad y empresa: construyendo el puente
El académico FEN U. de Chile Gabriel Weintraub plantea que el país debe estrechar los vínculos entre universidad y empresa para capturar las oportunidades que abre la inteligencia artificial, y propone tres pilares para la facultad: vinculación con el medio, docencia e investigación aplicada.
El círculo virtuoso
En 1998, dos estudiantes de doctorado de Stanford publicaron un paper académico con un título tan técnico como olvidable: "The Anatomy of a Large-Scale Hypertextual Web Search Engine". Los autores eran Larry Page y Sergey Brin, y ese artículo fue el origen de Google. Quince años más tarde, en 2013, cuatro alumnos de la Escuela de Negocios de Stanford fundaron, dentro del curso de proyectos "Startup Garage", la empresa de delivery DoorDash que hoy vale unos US$65 mil millones. En universidades como Stanford, y en Silicon Valley en general, los ejemplos como estos se cuentan por decenas.
¿Qué tienen en común? Que en lugares así la frontera entre la universidad y la empresa es deliberadamente tenue. Los alumnos fundan empresas, los profesores son sus asesores, y a veces sus primeros inversionistas, hay proyectos de investigación conjuntos con la industria, y un flujo constante de alumnos de doctorados y posdoctorados que va y vuelve entre la academia y la industria. A eso lo llamo el círculo virtuoso. Y la pregunta es directa: ¿qué podemos aprender en Chile y más específicamente en la FEN?
La urgencia de la IA: un desafío de negocios, no solo tecnológico
La pregunta no es nueva, pero hoy es más urgente que nunca. Con la inteligencia artificial estamos viviendo el cambio tecnológico más profundo en siglos, y a una velocidad inédita: nunca antes un alumno que entra hoy a la universidad se va a graduar en un mundo tan distinto al que encontró cuando entró. La IA va a transformar industrias completas en un horizonte cercano.
"En Chile el desafío es aún mayor. En Estados Unidos, buena parte del conocimiento de frontera también reside en las empresas; hay compañías con cientos de PhDs en sus equipos. Acá, en cambio, ese conocimiento está concentrado casi por completo en las universidades. Si no logramos que exista un flujo en ambos sentidos entre la academia y la industria, de modo que ambas se nutran y se motiven mutuamente, el conocimiento simplemente se queda encerrado en el campus. En ese escenario, el país que conecte bien su investigación, su formación y su industria va a capturar la oportunidad que da la IA de más productividad, más eficiencia, y más innovación. El que no lo haga, la va a ver pasar".
En Chile el desafío es aún mayor. En Estados Unidos, buena parte del conocimiento de frontera también reside en las empresas; hay compañías con cientos de PhDs en sus equipos. Acá, en cambio, ese conocimiento está concentrado casi por completo en las universidades. Si no logramos que exista un flujo en ambos sentidos entre la academia y la industria, de modo que ambas se nutran y se motiven mutuamente, el conocimiento simplemente se queda encerrado en el campus. En ese escenario, el país que conecte bien su investigación, su formación y su industria va a capturar la oportunidad que da la IA de más productividad, más eficiencia, y más innovación. El que no lo haga, la va a ver pasar.
Pero capturar esa oportunidad es más difícil de lo que parece y es un desafío que se observa incluso en los países más desarrollados: cómo convertir la promesa de la IA en un retorno efectivo a la inversión en las empresas y en una mayor eficiencia en el sector público. Esto exige entender la tecnología en profundidad, pero también entender desde primeros principios qué problema de negocio o de política pública queremos resolver y, a partir de ahí, rediseñar los flujos de trabajo y los procesos. Un error común es "meter IA" sobre procesos que siguen funcionando igual que siempre; el valor real aparece cuando se repiensa cómo se hace el trabajo y cuando la propia organización desarrolla las competencias para sostenerlo.
Y quizás el mayor potencial no esté en hacer más eficiente lo que ya existe, sino en lo que aún no existe: el desarrollo de nuevos productos y servicios. Google y DoorDash, después de todo, no fueron versiones mejoradas de algo previo, sino cosas enteramente nuevas. Y es por esto que el problema de la IA no es meramente tecnológico: es, de manera fundamental, un problema de economía y de negocios. Y es ahí donde la FEN debe jugar un rol fundamental, en Chile y en América Latina.
¿Qué debe hacer la FEN, en concreto?
Primero, la vinculación con el medio: crear espacios para entender los problemas reales de las organizaciones, que es donde viven. Esto nutre tanto nuestras preguntas de investigación como lo que nuestros alumnos necesitan saber al graduarse. Esa conexión con el mundo real da sentido a todo lo demás.
De ella se alimentan los otros dos pilares. La docencia, porque entender qué necesitan los estudiantes hoy nos permite ajustar el currículum de manera permanente, inculcando pensamiento crítico, habilidades blandas y el aprender a aprender, como ya ocurre con la nueva malla que la Facultad acaba de lanzar. Y la investigación aplicada, porque esos mismos problemas reales son la materia prima del conocimiento de frontera; para eso seguimos incorporando académicos de primer nivel, capaces de generar ese conocimiento y, a la vez, aportar valor concreto a las empresas.
Esto no es nuevo. En las principales escuelas de negocios de Estados Unidos existen centros dedicados precisamente a articular estos tres pilares, tendiendo puentes entre la academia y la industria de forma constante y sistemática. ¿Por qué no hacer lo mismo acá y dotarnos de una institucionalidad que lo permita?
La apuesta país
Y porque un puente se construye desde las dos orillas, a nosotros, los académicos, nos toca demostrar que no somos solo teóricos, sino que podemos aportar en la práctica. A la industria le toca atreverse: invertir en ciencia y tecnología, y tomar más riesgo.
Si cada uno pone su parte, la academia con rigor, la industria con riesgo, el círculo empieza a girar. Y entonces quizás podemos imaginar que el próximo paper que resuelva un problema fundamental de negocios, o la próxima empresa nacida de un proyecto de curso, lleve sello chileno. Esa es la apuesta país. La FEN quiere estar en el centro de ella.