Ariadna Jou
¿Está cayendo el retorno de estudiar una carrera? El efecto composición en el caso de Brasil
Un estudio de la académica FEN Ariadna Jou, junto a Tomás Guanziroli (Universidad Andrés Bello) y Beatriz Rache (Universidad de California, Los Ángeles), analizó el mercado laboral brasileño entre 2003 y 2018 y determinó que la caída de 16% en la prima universitaria promedio no refleja una disminución real del retorno educativo. Al aislar un grupo fijo de 42 universidades públicas, el retorno subió 24% en el mismo período, un efecto que los autores atribuyen a cambios en la composición de quienes se gradúan y de las instituciones que ofrecen los títulos.
En las últimas décadas, el retorno económico de la educación universitaria ha mostrado señales de estancamiento o caída en varios países de América Latina. En Argentina, Brasil, Chile y Colombia, distintos estudios documentan que la brecha salarial entre trabajadores con título universitario y aquellos con solo educación media —la llamada "prima universitaria" o college premium— se ha reducido o detenido después de décadas de crecimiento. ¿Significa esto que estudiar una carrera universitaria rinde hoy menos que antes? Nuestros resultados muestran que esa interpretación puede ser engañosa. Brasil ofrece un ejemplo particularmente revelador: entre 2003 y 2018 el país vivió una de las expansiones universitarias más aceleradas de la región y, al mismo tiempo, la prima universitaria promedio cayó un 16% (Figura 1).
Figura 1. La prima universitaria y la expansión de la matrícula en Brasil (2001–2020)
Nota: La figura muestra la evolución de la proporción de trabajadores con título universitario (eje izquierdo, en gris) y de la prima universitaria (eje derecho, en azul). Los datos provienen de la RAIS, el registro administrativo del mercado laboral formal brasileño.
Pero esta caída del 16% esconde una historia distinta. En nuestra investigación “Why is the College Premium Falling? The Role of Composition”, junto a Tomás Guanziroli y Beatriz Rache, mostramos que el retorno a estudiar en un conjunto fijo de universidades públicas de mayor calidad no cayó, sino que realmente aumentó un 24%. Lo que cambió no fue el retorno de la educación, sino la composición de las instituciones y de quiénes se gradúan.
Una interpretación intuitiva sería la siguiente. Si cada vez hay más graduados universitarios en el mercado laboral, aumenta la oferta de trabajo calificado. Si la demanda no crece al mismo ritmo, el precio de ese trabajo —es decir, el salario relativo de los universitarios— debería bajar. Desde esta lógica, la caída de la prima universitaria sería simplemente el resultado esperable de democratizar el acceso a la educación superior. Sin embargo, nuestros resultados muestran que esta explicación es incompleta. La clave está en que, a medida que el sistema se expande, también cambia quiénes integran el grupo de graduados universitarios.
El efecto composición
Cuando aumenta el acceso a la universidad, la expansión trae consigo dos fenómenos en paralelo. Por un lado, puede que accedan a la universidad alumnos con menores habilidades, ya que ahora hay más oportunidades. Por otro lado, la expansión se explica también por la creación de nuevas instituciones que, en promedio, tienen menor calidad académica y menores trayectorias que las ya existentes. Ambos procesos hacen que el grupo de "graduados universitarios" deje de ser homogéneo: ya no representa a un conjunto de personas con credenciales similares, sino a una población más diversa en términos de habilidades y de calidad de la institución de origen.
Los salarios reflejan, aunque sea parcialmente, esa heterogeneidad. El resultado es que el promedio del grupo cae aunque las universidades de siempre sigan formando profesionales igualmente bien remunerados. A este fenómeno lo llamamos efecto composición. Si no se tienen en cuenta estos cambios y se usa la prima universitaria promedio para tomar decisiones de inversión en educación —tanto privadas (qué carrera o institución elegir) como públicas (cuánto expandir el sistema o si la gratuidad universitaria es rentable socialmente)— se corre el riesgo de llegar a conclusiones equivocadas.
Los datos: cruzando diplomas con contratos de trabajo
Brasil ofrece un contexto especialmente adecuado para estudiar esta pregunta. Las universidades públicas son gratuitas y concentran, en promedio, las instituciones de mayor calidad del país. Al mismo tiempo, la expansión de la educación superior en las últimas décadas se produjo principalmente mediante la creación y el crecimiento de nuevas instituciones, muchas de ellas de menor calidad promedio. Este contexto permite comparar la evolución de la prima universitaria de los egresados de un grupo estable de universidades tradicionales con la observada para el conjunto del sistema.
Para ello, vinculamos los registros de egreso de 42 de las principales universidades públicas de Brasil con las trayectorias laborales de sus egresados. Mediante solicitudes de acceso a la información pública —similares a la Ley de Transparencia en Chile— obtuvimos información de más de 1,2 millones de estudiantes graduados entre 2003 y 2018, que vinculamos con la RAIS, el registro administrativo del mercado laboral formal brasileño, que contiene información sobre contratos y salarios.
El resultado es una base de datos única que identifica, para cada trabajador, si pertenece a este conjunto fijo de universidades públicas, si egresó de otra institución universitaria o si tiene solo educación secundaria, y combina esa información con los registros laborales de la RAIS. Esto nos permite comparar trayectorias laborales según la institución de origen e identificar el efecto composición.
La prima universitaria bajo lupa: descomponiendo la caída
Para estimar el efecto composición, comparamos la evolución de la prima universitaria para el conjunto fijo de universidades con la del promedio general del sistema. En ambos casos controlamos por características individuales —edad, sexo, región y área de estudio— para aislar el efecto de la institución de origen de otros factores que también influyen en los salarios.
El hallazgo central es simple pero revelador. Cuando estimamos la prima universitaria para el conjunto fijo de universidades que existían en 2003 y lo seguimos hasta 2018, esa prima sube un 24%. Cuando lo calculamos de manera tradicional —considerando a todos los graduados universitarios, incluidos los de las nuevas instituciones—, cae un 16%. La diferencia entre ambas trayectorias es exactamente el efecto composición.
La Figura 2 permite apreciar con claridad esta divergencia. Muestra la evolución de la prima universitaria ajustada por características individuales, con 2003 como año base. La línea verde corresponde al conjunto fijo de universidades: la prima universitaria crece de manera sostenida. La línea gris representa el promedio del resto del sistema: cae. Es el mismo mercado laboral, el mismo período, pero dos historias completamente distintas según desde dónde se mire.
Figura 2. Evolución de la prima universitaria: universidades de la muestra versus resto del sistema (2003–2018)
Nota: La figura muestra la evolución de la prima universitaria ajustada por características individuales, tomando 2003 como año base. La línea verde corresponde a los egresados de las 42 universidades públicas de nuestra muestra; la línea gris al resto de universitarios. Las bandas representan intervalos de confianza al 95%.
Un segundo resultado ayuda a explicar este patrón. Clasificamos todas las universidades del país según su calidad, medida a través del ENADE, un examen estandarizado que los estudiantes rinden al final de la carrera y que permite comparar la calidad académica de las universidades. Encontramos que los egresados de las universidades del cuartil superior ganan en promedio un 18% más que los del cuartil inferior. Como muestra la Figura 3, los salarios crecen para los egresados de todos los cuartiles a lo largo del período, pero parten de niveles muy distintos según la calidad de la institución de origen. A medida que aumenta la participación de graduados de universidades de menor calidad, el promedio agregado incorpora cada vez más trabajadores con salarios iniciales más bajos. Ese cambio en la composición explica la caída de la prima universitaria promedio.
Figura 3. Salarios de entrada según calidad de la universidad (2010–2018)
Nota: La figura muestra el salario por hora en el primer año tras la graduación, según el cuartil de calidad de la universidad medido por el ENADE (Exame Nacional de Desempenho dos Estudantes), el examen estandarizado que evalúa la calidad de los programas universitarios en Brasil. El primer cuartil corresponde a las universidades de mayor puntaje. Valores expresados en logaritmos.
Este resultado tiene implicaciones que van más allá del caso brasileño. Una caída de la prima universitaria suele interpretarse como una señal de que los retornos económicos de estudiar una carrera están disminuyendo y de que la tecnología ha dejado de favorecer a los trabajadores más calificados. Esa interpretación tendría consecuencias importantes tanto para las decisiones individuales de invertir en educación como para las políticas públicas de expansión del sistema universitario.
Sin embargo, cuando tenemos en cuenta el efecto composición y estimamos cómo ha evolucionado la demanda por trabajadores calificados, obtenemos una imagen muy distinta. Nuestros resultados muestran que el cambio tecnológico sesgado hacia habilidades —es decir, la tendencia de la tecnología a aumentar la productividad de los trabajadores más educados— creció en Brasil a una tasa anual de 3,07% entre 2003 y 2018. En cambio, la estimación convencional, que no corrige por composición, sitúa el crecimiento en apenas un -0,10% anual. La tecnología siguió demandando habilidades; lo que cambió fue quiénes integran el grupo de trabajadores con educación universitaria.
En conjunto, estos resultados invitan a replantear el diagnóstico habitual sobre la caída de la prima universitaria. El problema no es que los retornos a la educación superior estén disminuyendo, sino que los estamos midiendo mal. Y medir mal tiene consecuencias.
Más allá del acceso: ¿qué nos enseña la expansión universitaria?
Lo primero que muestran estos resultados es que la expansión universitaria no ha eliminado el valor económico de estudiar una carrera, pero sí ha hecho más evidente la importancia de la institución de origen. No es lo mismo graduarse de una universidad consolidada, con un cuerpo académico activo e inserción laboral probada, que de una institución de reciente creación y menor reconocimiento. Los salarios reflejan esa diferencia.
Una segunda lección es que las estadísticas agregadas pueden ocultar realidades muy distintas. Una caída en la prima universitaria promedio no implica necesariamente que estudiar una carrera genere menores retornos económicos: puede simplemente reflejar que el sistema está incorporando a más personas provenientes de instituciones menos consolidadas. Diseñar políticas públicas a partir de ese promedio, sin considerar cómo ha cambiado su composición, puede llevar a diagnósticos equivocados.
Una tercera lección, quizás la más importante desde el punto de vista de la equidad, es que los beneficios de la expansión no se distribuyen de manera uniforme. La evidencia muestra que los salarios aumentan para los egresados de universidades de todos los niveles de calidad, lo que sugiere que acceder a la educación superior sigue generando beneficios económicos. Sin embargo, la calidad de la institución sigue marcando diferencias importantes. Los egresados de universidades de menor calidad parten con salarios más bajos y obtienen una prima universitaria menor. Ampliar el acceso a la universidad no basta para igualar oportunidades si ese acceso se concentra en instituciones de menor calidad.
Brasil y Chile, como otros países de América Latina, han experimentado una gran expansión de su educación superior en las últimas décadas. En este contexto, resulta fundamental contar con herramientas que permitan distinguir entre una verdadera caída de los retornos a la educación y cambios que responden simplemente a la composición de quienes obtienen un título universitario. Una forma de avanzar en esa dirección es vincular registros administrativos de diplomas con datos de empleo y seguir las trayectorias laborales de los egresados según la institución de la que provienen. En un contexto donde los datos administrativos son cada vez más accesibles gracias a la legislación de transparencia, este tipo de análisis debería formar parte de las herramientas habituales con que los países evalúan sus sistemas educativos. Porque no basta con saber cuántos se gradúan. Hay que saber de dónde vienen y a dónde llegan.
Ariadna Jou es profesora del Departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Tomás Guanziroli es profesor de la Universidad Andrés Bello y Beatriz Rache es estudiante de doctorado en Economía en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA). La versión académica de este artículo, titulada Why is the College Premium Falling? The Role of Composition, está disponible previa solicitud a los autores.